Plantain
En la obra de Carmen Cólogan la protagonista es la Isla de La Palma, que imagina en su pincel como un paraíso remoto, aislado y distante. El potente sentimiento de pertenencia a un lugar apartado en medio del océano y emergido a la superficie por las fuerzas telúricas de la naturaleza es un escenario de soledad y misterio que se percibe en su pintura.
Resumen del universo, este huerto cerrado rodeado de paredes impenetrables es la morada del más allá reservada a los elegidos. Intimidad protegida con muros que mantienen las fuerzas internas que en él florecen, sólo se penetra en él por una puerta estrecha. Esta naturaleza domesticada se opone a la naturaleza salvaje. Frente a lo espontáneo y al desorden, significa reflexión, orden y conciencia; lugar del conocimiento, de la regeneración y la purificación, del crecimiento y del cultivo de los fenómenos vitales e interiores.
Carmen Cólogan crea un espacio metafísico, puro e irreal, libre del tributo de las leyes racionales de la perspectiva. Ángulos rectos, aristas vivas y perspectivas —racionales o disociadas—, colores puros e intensos, obedecen a una voluntad de imponerse y distanciarse de la naturaleza. Continente y contenido, prístina construcción arquitectónica y especies arbóreas, representan la contraposición orgánico-inorgánico.
La puerta es uno de los elementos constructivos básicos del espacio y del microcosmos proyectado por la artista. Símbolo del hombre exterior y del hombre interior, no es una simple abertura practicada en un muro. Se presta por el contrario a numerosas interpretaciones esotéricas. Evoca una idea de trascendencia y se abre al misterio, invitación a un viaje al más allá. No es una puerta cerrada con llave. En realidad no es puerta sino paso, un vano rectangular o un arco sin puerta. Está abierta, accesible. Es llamada y no defensa, perspectiva y no plano ciego. Da acceso a la revelación, a la expansión del espíritu. Puerta del cielo —porta coeli—, es lugar de una epifanía cósmica, tránsito entre dos estados, de la muerte a la liberación y de la tierra a las estancias divinas; una apertura que conduce al peregrino hasta el sancta sanctorum. Por ella penetra una luz metafísica y mística, fecundadora del árbol de la vida: drago o platanera. Es la puerta del sol, umbral que simboliza la salida del cosmos y donde el sol se pone, donde la luz se expande y se extingue. Más allá reinan las tinieblas.
El plátano hace honor a su denominación botánica, Musa Sapientum, nombre que le fue aplicado por la creencia de que era el fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Para los naturales o moradores de las islas Canarias era aquél «el fruto prohibido del Paraíso Terrenal». El efímero ciclo vital del plátano representa la caducidad de la vida. La platanera encarna la regeneración perpetua y la vida en su sentido dinámico. A pesar de su porte y sus hojas, no es un árbol sino una planta herbácea desprovista de tronco leñoso, metáfora de la fragilidad e inestabilidad y del carácter cíclico de la evolución cósmica, marcada por la muerte que posibilita la regeneración y la resurrección. El árbol de la vida es también el árbol de la muerte e inversamente. El mito cristiano del Génesis habla de dos árboles en el jardín del Edén.
En cuanto al simbolismo sexual del plátano resaltar que es doble y plasma la dualidad masculino-femenina. Representa mucho más que el simple amor y su encarnación, ya que buscan ardientemente el centro más íntimo del alma. La platanera que ofrece su fruto es un símbolo femenino de la mujer fecundada y los dones de la madre tierra.
Autor: Carmen Cólogan (Tenerife, 1959)
Técnica: Acrílico sobre tabla
Superficie: 13m2
Instalación: 2019
Ubicación: Calle Real, 3 (pared sur)
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AUTOR:
ALBERT OEHLENAÑO:
2006UBICACIÓN:
Calle Real, 29 (pared oeste)Date:
11 de enero de 2023

